¿Qué hemos aprendido ?…esta pregunta la escucho frecuentemente en estos días de cuarentena por la pandemia del COVID, y es el mismo cuestionamiento que me resuena dentro de mi corazón: ¿Qué he aprendido?
Hace un año y medio, mi vida tuvo un cambio drástico, dejé mi ciudad, mi trabajo, mi familia, mi casa, mi vida social y mi país: México; comencé otra experiencia en medio de la lluvia, los grandes árboles estacionales y las ardillas en mi balcón, practiqué otro idioma, al tiempo que aprendía de otra cultura.
Mis primeros días en Estados Unidos fueron de reconocimiento del lugar, de sentirme de vacaciones, pero conforme los días pasaban, eché de menos mi ajetreada vida profesional y social, después todo era calma y hasta la fecha lo sigue siendo, cuestioné mi productividad, mi propósito de cada acción, comencé a pensar en mi trascendencia como mujer, como adulto que debe estar repleto de responsabilidades.
Convivo con mi esposo, quien apoya mis decisiones y acciones, aún así me sentía “culpable” de no hacer aparentemente nada, de pasar todo el día en casa sin salir a trabajar, esperando el permiso del gobierno para poder hacerlo.
Sin horarios para levantarme, con el día completamente en mis manos, observaba mis zapatos en una fila perfecta, casuales, deportivos y sin faltar mis tacones para una salida importante. Pensé tantas veces, que ya no me harían mucha falta, ahora los deportivos eran los más común en un país que ama la ropa y zapatos cómodos, dentro de casa, mis pies sentían de forma directa el suave suelo de alfombra donde no hay espacio para meter zapatos sucios a casa.
No he sido de maquillarme mucho, sin embargo no podía faltar un poco de color cada mañana antes de ir a trabajar, pero ahora sin destino fijo a donde ir, dibujaba una sonrisa de color para mi misma, y quizá en días de suerte, para sentirme linda durante las video-llamadas. El perfume formó parte de mi ritual de aromaterapia, sin escatimar, antes de que la fecha de vencimiento los hiciera presa de un olor intolerable.
La lectura se formó en la lista en mi prioridades, lo mismo que los “Podcasts” que dejan una huella positiva en mi corazón y mi mente, poco a poco mis redes sociales se llenaron de cuentas para aprender a conectar conmigo misma, para realizar actividades manuales, animarme a tejer una pequeña cobija con ayuda de videos y comenzar a usar la acuarelas, lo más importante era intentar disfrutar cada día más mi propia vida.

Entre días sin prisa y audios que me hacían sonreír, caminé por el parque lleno de árboles, mi perrita “Chiquita”, me mostró el camino del bienestar físico, al formarme el hábito de mover mis piernas diariamente.
De pronto, comencé a trabajar de nuevo, con un ritmo tranquilo y sin presión alguna, regresé al ambiente infantil, aprendiendo de los pequeños y poniendo en práctica mis veinte años de experiencia de una forma muy diferente, amando cada segundo junto a los niños, aprendiendo a jugar de nuevo, a correr tras de ellos mientras nos reímos, a tirar de un vagón con un par de niños sonrientes, inventando historias, estaba abriendo la puerta para que saliera mi niña interior a divertirse con ellos.
Fueron quince días de una rutina maravillosa, lo estaba disfrutando, cuando de pronto el mundo ya había comenzado a parar, mi país de origen estaba por detenerse y Estados Unidos daba la indicación de parar, de quedarse en casa, así fue, entonces las noticias se llenaron más del mismo tema: Coronavirus, mi familia y amigos tomaron precauciones, mi juego con los niños terminó, regresé a casa, entre la incertidumbre y el miedo.
Desde casa observé la vida de muchas personas, la mayoría hablaba del temor a contagiarse, las noticias falsas nos golpeaban las ilusiones, sin embargo nunca faltaron quienes luchaban día a día para compartir esperanza. La vida de muchos comenzaba a ser como lo fue la mía meses atrás, estar en casa, descubriendo con creatividad una nueva manera de vivir la vida. -Vaya! – me dije- Sin darme cuenta yo he comenzado meses atrás esta cuarentena, ya cuento algo de experiencia – me dije bromeando conmigo misma.
Aprendí que algo dentro de mi estaba cambiando, la manera de ver al mundo era distinta, comprendí que las llamadas por video importan y te unen, que gozar de tiempo “libre”, no nos puede hacer sentir culpables, que disfrutar de lo básico nos hace llegar a nuestro interior, que el autoestima depende más de cómo nos vemos a nosotros mismos, en contraste de como nos ven los demás, que la tolerancia se pone a prueba estando en casa de la mano con nuestra realidad y que las llamadas nos recuerdan que alguien que te quiere se toma el tiempo de escucharte, que estamos hechos de lo que entra nuestra mente por medio de nuestros ojos y oídos, que el tiempo a solas nos abre ventanas para ver situaciones que nunca pensaríamos en observar de nuevo.
Ahora en medio del “caos” de la pandemia, he aprendido que no tengo una posición estática de lo que sucede, ni hoy, ni en cualquier otra situación, que la mirada cambia de acuerdo a la realidad en la que vives.

Cada persona tiene distintas oportunidades y realidades, lo cual los hace pensar y sentir diferente a mi, la única posición que puedo tomar es aquella de la cual aprendo y experimento, tomando en cuenta que mi perspectiva puede cambiar de un momento a otro, sin ser motivo para sentirme culpable.
Poco a poco comencé conectar con mi niña interior, a sanar heridas pasadas, a concertarme en amar cada cosa que hago, de buscar disfrutar de cada una de mis acciones por burdas o infantiles que parezcan.
En mi pasado tuve algunos momentos de tensión, de tristeza profunda y retos que desafiaron cada una de mis emociones, en este momento me toca vivir la paz desde la calma y la naturaleza, hoy conecto con mi interior de una forma diferente, puedo compartir calma a quien lo necesita, mandar abrazos virtuales con la misma intención que abrazaré cuando vea a mis padres de nuevo, a mi familia, a mis amigos.
Sigo y seguiré aprendiendo que cuidar mi mente y mi corazón, vale mucho y lo más importante, identificar con que conecto, que me hace ser yo misma, el tiempo dobló su valor cuando tomé consciencia de observar más, emitir menos juicios tanto para los demás como para mi misma y así poder sentir y experimentar la vida con mucha más libertad desde mi propia esencia.
Lillian de León

Como siempre amiga bella, me encanta lo que escribes! Creo que sin duda la mayoría estamos conectando con nosotros con nuestro ser, nuestra luz interior buscando un propósito un para que? mucho animo amiga!!! Saludos desde tu tierra adorada 🙂
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