Mujer pasiva pero no improductiva

Como mujer nacida a finales de los años setenta, me tocó ver la transición de la mujer que trabajaba como “ama de casa” a la mujer trabajadora fuera del hogar.

Crecer viendo a las mujeres que se dedicaban a sus maridos, a sus hijos y a su hogar, en contraste con la mujer que por algún motivo había quedado sola y comenzaba a trabajar para ser el sostén de su hogar eran motivo de mi curiosidad sobre que rol jugaba la mujer dentro de la dinámica laboral.

De igual modo, aquellos trabajos de medio tiempo daban el espacio para compartir ambas tareas, poco a poco las mujeres iban ganando campo en el plano laboral, de tal modo que también los estudios se volvían más exigentes para poder llevarlos a cabo una vez concluidos.

Para una mujer actual, trabajar va más allá de ser el sustento o ser gran apoyo dentro del hogar, se encuentre acompañada o sola, con hijos o sin ellos; simboliza su orgullo personal, da identidad a su valía, al saberse independiente y responsable de tareas con repercusiones fuera de sí misma, donde sus logros pueden ser reconocidos o valorados fuera de las puertas de su hogar, es un contacto directo con la sociedad en la cual se encuentra.

Los altos índices de fuerza laboral femenina, reflejan el alto valor de aquellas mujeres que día a día luchan por cubrir los gastos de casa, siendo en muchas ocasiones bastante ágiles para lograr conjugar más de dos trabajos, aunado a la tarea de criar y organizar la vida con sus hijos.

Hoy en día, se observan de igual forma, mujeres sin necesidad económica que buscan ese espacio para lograr sus objetivos y sentirse productivas, atendiendo sus propios negocios o al dirigir sus empresas.

Una mujer en el ámbito laboral ha roto las barreras de ideas preconcebidas sobre las habilidades y oportunidades con las cuales una mujer nace.

Así, poco a poco, ahora es menos usual toparse con una mujer menor de cuarenta  y cinco años que no forme parte de este mercado laboral, ya sea fuera de casa o bien trabajando desde el hogar.

Así mismo existen mujeres que no han salido a ese mundo laboral o bien, por diferentes motivos han dejado de ser parte de lo que un día las hizo sentirse orgullosas y valiosas como mujeres y seres humanos, productivas y reconocidas; a este tiempo fuera de la dinámica laboral, es lo que en este espacio llamaré “Pasividad laboral”, por el hecho de seguir teniendo un valor alto pero desde diferente perspectiva, pero para muchas mujeres dar paso a la pasividad laboral es sinónimo de múltiples cuestionamientos o quizá angustia sin saber la importancia que tiene.

¿Puede entonces la pasividad laboral femenina generar productividad?

Mi respuesta es sí, una mujer que ha detenido su paso activo dentro de su oficio o profesión, da pie a reforzar su energía femenina, y no hablo de sexualidad en sí, sino de aquella fuerza “pasiva”, que sabe recibir por ser intuitiva y sensible, maneja diferentes realidades, emociones y acciones, esa fuerza que brinda protección y amor, para que se abra paso al equilibrio entre la energía femenina y masculina, tomando en cuenta que ambos géneros contamos con las dos fuerzas a la vez y que muchas veces lo olvidamos, cerrando entonces canales para lograr su equilibrio.

La energía masculina es la que trabaja para dar, es autoridad, es objetiva, busca resolver, es perseverante y práctica, justo las características que se dan dentro de la actividad laboral fuera de casa.

Así ambas energías forman un equilibrio perfecto, pero que en ocasiones olvidamos que tenemos  y  donde  debemos alternar para darnos paso a resolver (fuerza masculina) y a crear (fuerza femenina).

Pensar en la mujer “sin trabajar”  no es sinónimo de falta de capacidad o de interés, rompe las barreras de un horario fijo, de quehaceres domésticos o del cuidado de los niños; la “pasividad laboral” es la invitación a mantener un alma relajada a expensas de  la creatividad, a ver la rutina como una puerta abierta, a innovar, a renovar y distinguir la teoría de la práctica, para ponerla a prueba. Es poder recibir a quienes llegan del trabajo fuera de casa con una actitud apacible y paciente, dar resultado a todos esos sueños que por falta de tiempo no se han llevado a cabo, contactar con un reloj sin prisas ni adelantos.

Una mujer en casa significa convertirse en bióloga al descubrir la fauna a tu alrededor, a buscar decenas de oficios que se llevarán a cabo simultáneamente, es medir el tiempo con el reloj de tu propio cuerpo, es ser observadora de tu propio hogar cuando el silencio se apodera de él, es ser jefe de sí misma, es producir día a día emociones diferentes que esparcirá a tu alrededor generando vibraciones positivas a quien ha sido alcanzado por el estrés y la prisa, sabrá dar espacio a la paciencia y a la generosidad, creando espacios de ayuda y trascendencia, sin reflectores o reconocimientos, lo que abre la puerta a la humildad dejando de lado el ego.

Detener una carrera profesional puede dirigir a la mujer a cuestionarse, pero también le da la oportunidad de conectar con su esencia, de callar la voz para abrir el oído, cambiar de punto de referencia para observar otra perspectiva de la vida.

La pasividad no demuestra incapacidad ni neutralidad, es tiempo en calma para poder ser guía ante la actividad.

Una mujer “Pasiva” dueña de sí misma, podrá ofrecer su propio tiempo en pro de quienes necesitan equilibrar esa actividad muchas veces ruidosa o agobiante, serán ejemplo de perseverancia y paciencia para esos pequeños seres que se encuentran creando su propia personalidad, los niños.

¿Qué no es la mujer que lleva a su hijo en su vientre la que sin hacer nada está haciendo todo? Se encuentra creando una vida nueva y excepcional.

Y al  hablar de las flores, en su pasividad solo se limitan a recibir la actividad de las abejas que las llevará a producir la polinización.

Así pues, a ti mujer frente a la decisión de ser activa o pasiva laboralmente, cualquiera que sea tu decisión, no permitas que la angustia gane paso a tu equilibrio, la productividad se lleva en la actitud, en el autoconocimiento, en la disciplina interior, en tus propias metas y retos, en tu esfuerzo constante por ser mejor como persona, por abrirte paso a nuevas experiencias, es momento de invertir tu tiempo, en dar espacio para poder compartir tu amor y aportar así legado diario, una mujer «pasiva laboralmente» tiene frente a ella un mundo de oportunidades para dejar huella, para valorarse a sí misma y ser tu misma, de este modo podrás ser una mujer ¨pasiva¨ pero nunca improductiva.

4 comentarios en “Mujer pasiva pero no improductiva

  1. Hermosa!!! Estoy conmovida, tu escrito me llegó profundamente te pude ver en este momento tan bello de tu ser mujer, el habitar tu profundo femenino, lo admiro y también me reconozco en él… gracias por compartirte, por poner tu don al servicio el cual, desconocía… es una grata sorpresa saber de tu blog… y gracias por esta frase que me inspira… “Medir el tiempo con tu propio cuerpo”… muchísimas Gracias preciosa!!! Felicidades!!! Y que tu reencuentro con tu femenino siga siendo bendecido… te mando un abrazo muy grande!!!
    Seguimos en contacto!!

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    1. Muchas gracias, gracias también por tus enseñanzas, por darte el tiempo de leerlo. Un abrazo muy grande.

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  2. Perfectamente descrito, me encantó.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, gracias por darte el tiempo de leerme. Saludos.

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